Las famosas rúbricas
Desde algunos años atrás, éstas, han sido las más sonadas y también muy aplicadas, aunque no siempre bien construidas...
Las consideraciones para elaborar una buena rúbrica son muy concretas:
1. Establece criterios a evaluar y su porcentaje respecto a la evaluación (Toma en cuenta tooooodo lo que ya hablamos de manera previa que debemos considerar al evaluar... Aquí voy a hacer énfasis en: la coherencia de la(s) competencia(s) que buscabas desarrollar y la estrategia enseñanza-aprendizaje que diseñaste con los desempeños a evaluar. ¡No a la casería de brujas!
2. Determina y describe puntualmente los niveles de desempeño y asigna el valor numérico. (Este es el punto crítico. Muchas veces la redacción es tan genérica que podrías estar evaluando cualquier "cosa") Cambiemos nuestra percepción de -le estoy dando a mis alumnos la "receta" por: - les entrego a mis alumnos la guía o marco de referencia de los alcances esperados. ¡Aquí la cosa cambia, les estoy dando el protocolo de acción para estar en sintonía!
Como puedes apreciar, por excelencia, es el instrumento que permite la coexistencia y armonía entre evaluación cualitativa y cuantitativa.
Considerando que la elaboración se lleva su tiempito, prepárate una tacita de café y ¡manos a la obra! una vez concluida, al entregarla a los alumnos les dará certeza (y a ti también) de lo que se tiene que trabajar y en consecuencia lo que se evaluará, te facilitará el proceso, te ayudará a ser imparcial y justo al evaluar a tus alumnos y te ahorrará tiempo, mucho tiempo en la retroalimentación.
Considero que los alumnos son seres resilientes (no en balde se adaptan a tantos maestros y formas de llevar una clase) pero si somos claros desde el principio el aprendizaje es más consciente y el proceso menos accidentado.
En el aula, cierto es, que hay muchos alumnos que no las leen de manera previa al momento de evaluación, pero los que las usan como referencia ¡siempre las agradecen!
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